La batalla legal entre Apple y el conocido creador de contenido Jon Prosser acaba de dar un nuevo giro. Después de obtener una segunda oportunidad para responder ante la justicia estadounidense, el popular filtrador presentó finalmente su defensa oficial, rechazando las principales acusaciones realizadas por la compañía sobre la supuesta obtención ilegal de información confidencial relacionada con el rediseño de iOS.

En su respuesta, Prosser sostiene que nunca participó en un plan para robar secretos comerciales de Apple y asegura que la responsabilidad recae completamente sobre Michael Ramacciotti, la otra persona demandada por la empresa. La nueva declaración abre un nuevo capítulo en uno de los casos más mediáticos sobre filtraciones dentro del ecosistema Apple.

El origen del conflicto entre Apple y Jon Prosser

La demanda comenzó después de que Jon Prosser publicara varios videos mostrando recreaciones del rediseño de la interfaz que posteriormente Apple presentó oficialmente como parte de su nuevo lenguaje visual Liquid Glass. Según la compañía, la información utilizada en esos videos provenía de un iPhone de desarrollo perteneciente a un empleado de Apple.

Apple afirma que Michael Ramacciotti obtuvo acceso al dispositivo sin autorización mientras el empleado no se encontraba en casa. Posteriormente habría realizado una videollamada con Prosser para mostrarle las novedades del sistema operativo antes de su lanzamiento oficial.

Tras la presentación de iOS, Apple decidió acudir a los tribunales acusando a ambos de apropiación indebida de secretos comerciales y de violar la legislación estadounidense relacionada con el acceso no autorizado a sistemas informáticos.

Prosser rechaza haber participado en una conspiración

En el documento presentado ante el tribunal, Jon Prosser niega haber participado en cualquier tipo de conspiración para acceder al dispositivo de Apple o perjudicar deliberadamente a la compañía.

Su defensa sostiene que nunca coordinó con Ramacciotti la obtención de la información y que tampoco existió un acuerdo previo para pagar por el contenido filtrado. Según Prosser, cualquier compensación económica ocurrió únicamente después de la publicación de los videos y no como parte de un plan organizado.

Con esta postura, el creador de contenido intenta desmontar uno de los pilares centrales de la demanda presentada por Apple, que sostiene que ambos actuaron de forma coordinada para obtener información confidencial de la empresa.

Reconoce la videollamada, pero asegura desconocer el origen de la información

Aunque Prosser admite haber participado en una llamada de FaceTime con Ramacciotti y haber visto las funciones inéditas del sistema operativo, asegura que desconocía varios aspectos fundamentales del caso.

En concreto, afirma que no sabía que el teléfono pertenecía a un empleado de Apple ni que el software mostrado correspondía a una versión interna aún no presentada oficialmente por la compañía.

Su defensa también explica que, una vez descubrió cómo se había obtenido la información, decidió romper toda comunicación con Ramacciotti para desvincularse de cualquier actuación que pudiera considerarse ilegal.

La defensa compara su trabajo con el de un medio de comunicación

Uno de los argumentos más llamativos de la respuesta presentada por Prosser consiste en comparar su actividad con la de cualquier organización periodística que recibe información exclusiva de una fuente.

Según el documento judicial, sus videos simplemente informaban sobre datos obtenidos a través de un tercero y no constituyen una participación directa en la obtención de los supuestos secretos comerciales de Apple.

Además, la defensa insiste en que fue Ramacciotti quien decidió mostrar el contenido del dispositivo por iniciativa propia, por lo que Prosser no habría inducido ni organizado la filtración en ningún momento.

Prosser busca el archivo definitivo del caso

Además de negar las acusaciones, el creador de contenido solicita al tribunal que desestime completamente la demanda presentada por Apple, impidiendo que la empresa pueda volver a presentar las mismas reclamaciones en el futuro.

También sostiene que Apple no ha demostrado haber sufrido daños reales como consecuencia de las filtraciones y argumenta que cualquier pérdida económica planteada por la compañía resulta meramente especulativa.

Prosser incluso solicita que Apple asuma los costos legales del proceso y pide que el caso sea resuelto mediante un juicio con jurado en aquellos aspectos que la legislación estadounidense permita.

Un caso que podría marcar el futuro de las filtraciones tecnológicas

Aunque todavía queda un largo recorrido judicial, este caso podría convertirse en un precedente importante para el sector tecnológico. La resolución ayudará a definir hasta qué punto un creador de contenido o periodista puede ser considerado responsable cuando publica información obtenida por terceros.

Al mismo tiempo, Apple busca reforzar el mensaje de que proteger sus productos en desarrollo sigue siendo una prioridad absoluta, especialmente en una industria donde las filtraciones generan millones de visualizaciones y pueden afectar el impacto de futuros lanzamientos.

Más allá del resultado final, esta disputa plantea una pregunta que seguirá siendo objeto de debate: ¿dónde termina el trabajo periodístico y dónde comienza la responsabilidad sobre el origen de la información? En una era donde las filtraciones se han convertido en parte del ciclo tecnológico, esa frontera podría ser cada vez más difícil de definir.

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