La llegada de Zoom al estrellato no fue precisamente un camino de rosas. Cuestionada por diversos “fallos” críticos y dudosas políticas en relación a la privacidad de sus usuarios, la empresa -cuyo servicio de videollamadas se hizo popular en época de pandemia- debió tomar diversas medidas para mejorar su imagen.

Zoom aclaró que el cifrado de extremo a extremo es para los usuarios que puedan verificar (y, claro está, sólo verifican a los pagos)…

Fue por ello que anunciaron desde su reestructura a nivel organizacional hasta la implementación de severas medidas de seguridad informática, como el cifrado de extremo a extremo. Sin embargo, en los últimos días, autoridades de Zoom se desdijeron y confirmaron que las mejoras en la privacidad no llegarán a las llamadas gratuitas, ¿en qué quedamos?

Lo más absurdo del caso es la explicación oficial. Aseguran que no habilitarán el cifrado de extremo a extremo porque quieren dar acceso a las autoridades en caso de ser necesario. “Creemos que esta característica debería ser parte de nuestra oferta”, dijo Eric Yuan -CEO de Zoom-. Y agregó: “también queremos trabajar junto con el FBI, con las fuerzas del orden locales, en caso de que algunas personas usen Zoom con un mal propósito”.

El cifrado de extremo a extremo se ha vuelto el ave blanca en tiempos donde la interceptación de las comunicaciones, las escuchas ilegales y la inteligencia gubernamental indiscriminada son moneda corriente. De hecho, las empresas entienden a la medida como toda una declaración de principios. Y los usuarios valoran, cada vez más, su privacidad y exigen este tipo de servicios como un estándar.

“Los usuarios gratuitos se registran con una dirección de correo electrónico, por lo cual no proporcionan suficiente información para verificar su identidad”, dice Zoom…

Empero Zoom va en sentido contrario y vuelve a tropezar con la misma piedra. Desde lo discursivo asegura tener por objetivo la seguridad de los consumidores, de la práctica no. El medio Reuters informó hace algunos días sobre este tema y anticipó que la encriptación de extremo a extremo sería exclusiva para clientes pagos y tal vez para grupos disidentes u organizaciones sin fines de lucro que requieran seguridad extra. Y con ello desnudó que Zoom sigue siendo lo que siempre fue.

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La privacidad es fundamental, nos hace individuos. La seguridad también lo es, nos permite vivir en sociedad, pero no podemos permitir que mediante su ejecución queden expuestos nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestra intimidad, lo que en definitiva somos.

Es cierto que la privacidad plena complicaría un poco las tareas de las autoridades. Pero la seguridad absoluta directamente eliminaría a la democracia, a todo tipo de intercambio de ideas, a todo grupo que piense diferente. Delitos graves justifican las medidas informáticas más intrusivas, pero ¿todos debemos ser fiscalizados por ello? La privacidad es libertad, es representación de minorías, es cambio de paradigmas. Todo está en el justo medio, y debemos velar por él.

Recientemente, Zoom aseguró que “no monitorea… ni comparte información con las fuerzas del orden, excepto en circunstancias como el abuso sexual infantil”. Pero aclaró que el “cifrado de extremo a extremo (es para) los usuarios que podamos verificar… (y) Los usuarios gratuitos se registran con una dirección de correo electrónico, por lo cual no proporciona suficiente información para verificar”.

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